Una pequeña escuela rural de Cantabria en Cieza en consigue uno de los mayores premios educativos de España

El centro cántabro ha sido distinguido en los Premios Nacionales de Educación para la Solidaridad Global Vicente Ferrer 2026 por una iniciativa sobre igualdad, memoria y comunidad.
646165325_10163625949342850_3468361139899177834_n

La Escuela Infantil Villasuso, ubicada en Villayuso (Cieza), ha sido distinguida con el Premio Nacional de Educación para la Solidaridad Global "Vicente Ferrer" 2026, un reconocimiento concedido por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) a proyectos educativos comprometidos con la igualdad, la solidaridad y la ciudadanía global.

El centro cántabro ha obtenido este galardón gracias al proyecto 'Mujeres rurales: igualdad, memoria y comunidad desde una escuela infantil rural', una iniciativa que nació con el objetivo de reconocer el papel de las mujeres del entorno, recuperar su memoria y acercar al alumnado la vida del pueblo a través de los cuidados, la igualdad y la participación de toda la comunidad.

Durante el desarrollo del proyecto, las familias y las vecinas compartieron con los niños y niñas fotografías antiguas, canciones, relatos, experiencias y saberes tradicionales, convirtiendo la escuela en un espacio de encuentro entre generaciones y reforzando el vínculo con el entorno rural.

La directora del centro, Paula Gutiérrez Fernández, ha contado a este medio que la noticia ha sido recibida "con una alegría enorme", ya que supone "un reconocimiento a un proyecto que ha querido hacer visibles los cuidados y el trabajo de las mujeres rurales, tantas veces silenciados".

WhatsApp Image 2026-07-08 at 11.35.17

Asimismo, considera que el premio también reivindica otra manera de entender la educación desde los primeros años de vida. "Para mí, también pone en valor una cultura de infancia que confía en la capacidad de los niños y las niñas para comprender el mundo, hacerse preguntas y construir aprendizajes con sentido desde los primeros años", explica.

Gutiérrez defiende además el valor diferencial de la escuela rural. "Creo que la escuela rural permite cuidar como pocos espacios esa cultura de infancia: ofrece tiempo, libertad y contacto con el entorno; favorece que niños y niñas de distintas edades crezcan juntos, aprendan en comunidad y sientan que pertenecen a un lugar".

En un momento en el que, según señala, predominan "las prisas y las expectativas cada vez más tempranas", la directora sostiene que "defender la escuela rural es también defender el derecho a vivir plenamente la infancia".

El reconocimiento tiene además una dimensión internacional. Como parte del premio, la Escuela Infantil Villasuso participará entre el 13 y el 18 de octubre en un seminario de buenas prácticas educativas que se celebrará en Marruecos, donde presentará su experiencia junto a otros centros galardonados de toda España.

Desde la escuela destacan que este premio "también pertenece a todas las familias, vecinas y mujeres que abrieron la escuela a sus historias, recuerdos, saberes, tiempo y cariño", y subrayan que el reconocimiento demuestra que "una escuela pequeña, rural y viva también puede contar grandes historias".

2

La escuela reivindica más apoyo para garantizar el futuro de los pueblos

Más allá del premio, desde la Escuela Infantil Villasuso consideran que el reconocimiento también debe servir para reflexionar sobre la situación que atraviesan muchas escuelas rurales. La caída de la natalidad ya está teniendo consecuencias directas en el municipio y el próximo curso el centro verá reducido a la mitad su alumnado.

"Este curso 2025/2026 hemos tenido diez niños y niñas y el próximo nos quedamos en la mitad", explica su directora, Paula Gutiérrez Fernández, que recuerda que el Gobierno de Cantabria trabaja en una futura ley de despoblamiento con la que se pretende garantizar la continuidad de las escuelas rurales que cuenten con al menos tres alumnos.

No obstante, la responsable del centro considera que la solución pasa también por revitalizar los pueblos y facilitar que las familias puedan establecerse en ellos. "Queremos pueblos para vivir, donde se nutra a las escuelas rurales. Por desgracia, la mayoría de las casas que se están arreglando en el municipio son para segundas residencias o alquileres turísticos", lamenta.

Para Gutiérrez, mantener abiertas las escuelas rurales no solo significa preservar un servicio educativo, sino también garantizar la vida de los pueblos y un modelo de infancia estrechamente ligado a la comunidad, el entorno y las relaciones entre generaciones.

4