En una estación como Alto Campoo, acostumbrada al esquí alpino de toda la vida, hay días en los que aparece por las pistas una forma distinta de esquiar. No es snowboard ni tampoco esquí de travesía. Son esquiadores que bajan casi “arrodillados” en cada giro, con una postura muy característica y un movimiento fluido que llama la atención desde lejos. Es telemark, y durante un fin de semana volvió a tener su propio punto de encuentro en la estación cántabra con la celebración de la VI Quedada Campurriana de Telemark.
Para muchos aficionados a la nieve sigue siendo una modalidad casi desconocida, aunque en realidad es una de las formas más antiguas de esquiar. El telemark nació en el siglo XIX en Noruega y su principal rasgo es que el talón del esquí va libre, sin fijación trasera. Eso obliga a realizar los giros mediante una genuflexión muy marcada, adelantando un esquí y flexionando la rodilla interior. El resultado es una forma de esquiar muy visual, elegante y también exigente físicamente, porque cada giro exige equilibrio, coordinación y bastante trabajo de piernas.
Esa mezcla entre técnica, tradición y cierta estética diferente es precisamente lo que engancha a quienes lo practican. Y también lo que buscan enseñar en encuentros como el que se celebró en Alto Campoo, donde durante todo un fin de semana un grupo de aficionados se reunió para esquiar juntos, compartir técnica y, sobre todo, dar a conocer el telemark a quien nunca lo ha probado.
“La idea es que la gente lo vea y se anime”, explican desde la organización. “Al final hacemos una carrera popular, pero sobre todo es para divertirnos y para que la gente conozca lo que es el telemark”.
La quedada nació hace unos años impulsada por aficionados vinculados a la estación, entre ellos Jesús Pedro y 'Tuna', profesor de la escuela de esquí de Alto Campoo desde hace décadas. Junto a otros esquiadores del valle promovieron el Club Telemark Cantabria, y a partir de ahí empezó a organizarse este encuentro que con el tiempo ha ido reuniendo a aficionados de distintos lugares.
El formato del evento es sencillo y bastante informal; para divertirse. El viernes por la noche los participantes se reúnen para cenar y comentar el plan del fin de semana. El sábado se dedica a esquiar por la estación y, ya por la tarde, se celebra una carrera popular en formato gigante, con un trazado de puertas en pista.
No se trata tanto de competir como de compartir la experiencia. “Es una carrera popular, simplemente para pasar un buen rato”, nos explica Raúl Gete, el organizador junto con el conocido 'Tuna' (profesor de la Escuela Española de Esquí) y Jesús Pedro. Durante la jornada, además, es habitual que quienes ya dominan la técnica enseñen algunos conceptos a los curiosos que se acercan. “Si alguien quiere probar, le echamos una mano con el material y le damos alguna noción para que vea cómo funciona”, cuenta.
Aunque el encuentro tiene un carácter muy local, la quedada suele atraer también a aficionados de otros puntos del país. En esta edición participaron entre veinte y veinticinco esquiadores, una cifra algo menor de lo habitual porque coincidía con otras reuniones de telemark en el calendario.
Aun así, Alto Campoo volvió a reunir a esquiadores de distintos lugares. Había participantes del País Vasco, de Palencia y de otras zonas de España, además de alguna presencia internacional. “Había incluso un noruego con su hijo”.
El ambiente del fin de semana mezcla esquí y convivencia. Los participantes utilizan y agradecen el sitio en el Refugio Tres Mares como punto de encuentro para cenar y reunirse por las noches, mientras que durante el día se mueven por las pistas de la estación. La Escuela Española de Esquí y la de alquiler de Brañavieja con un almuerzo y otros negocios de la zona también se implicaron en la organización.
La propia estación, a quien también agradecen, cedió la pista para montar el trazado de la carrera, algo que este año requirió cierto trabajo extra porque coincidía con otra competición en el calendario. Una vez terminado el campeonato que se disputaba ese mismo día, el equipo de pistas tuvo que desmontar el recorrido anterior y preparar el nuevo para la prueba de telemark.
El domingo la cita cambia completamente de ritmo. Se dejan las pistas para salir a la montaña y realizar una travesía hasta el pico Cornón, una ruta más tranquila que permite despedir el fin de semana esquiando en grupo antes de regresar.
Para quienes participan, el objetivo está bastante claro: mantener viva una forma distinta de entender el esquí. Una modalidad que no es la más común en las estaciones, pero que sigue teniendo una pequeña comunidad de aficionados muy fieles. Y también una forma de esquiar que, cuando alguien la ve por primera vez en pista, suele provocar siempre la misma reacción: curiosidad. Porque basta ver a un telemarker enlazar giros con el talón libre para preguntarse qué está pasando… y quizá empezar a tener ganas de probarlo.