miércoles. 06.07.2022

Un camión de la empresa de Transporte Hermanos Laredo cargado con 30 toneladas de material humanitario ha partido a las cinco de la tarde de hoy martes en dirección a la frontera entre Hungría y Ucrania. Su llegada está prevista para el próximo lunes.

A bordo viaja la solidaridad de miles de cántabros de a pie que han aportado alimentos, pañales y material sanitario canalizados a través de la Asociación  de Ucranianos Oberig. Un empeño en el que ha resultado decisiva la aportación de los trabajadores de Viesgo, al financiar el transporte con un fondo social que inicialmente tenía como destino financiar actividades lúdicas entre compañeros de dicha empresa.

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“Teníamos sin utilizar este dinero por los dos años de pandemia, y decidimos darle un destino solidario. Una parte la donamos al Banco de Alimentos de Cantabria, otra a Cruz Roja, y una tercera parte la hemos invertido en dar un soporte logístico a esta iniciativa”, explica Carlos Marín, portavoz de los trabajadores de Viesgo.

Además de correr con los gastos del flete, estos empleados también han adquirido dos grupos electrógenos que servirán como soporte de material médico en tierras ucranianas. Y han efectuado una aportación en metálico para que los receptores puedan usarla en destino para adquirir aquellos bienes que les resulten más útiles. Además, han aportado más de media tonelada de material donado en sus centros de trabajo durante una semana por los propios operarios. 

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Marín explica que todo se suscitó por una serie de casualidades, que arrancan con una mujer de origen ucraniano que ejerce de profesora en el Club de Natación Torrelavega al que pertenece su hija. “A partir de ahí fuimos dando saltos hasta dar con la asociación Oberig”. Fue entonces cuando se percataron de que “la gente de a pie de Cantabria se estaba volcando y toda esa solidaridad iba a derivar en un problema de logística muy importante para dar salida a todo el material”. 

Fue ahí cuando se pusieron manos a la obra. “Quisimos poner nuestro granito de arena. Estamos muy contentos, porque el 90% del camión es ayuda de los cántabros anónimos, de a pie, y el 10% es ayuda nuestra. Hemos contribuido a resolver el colapso que había para hacer llegar la ayuda a sus destinatarios”. 

Distribución a la zona de conflicto

Los 100 metros cúbicos disponibles en la caja del camión tráiler viajan repletos de material depositado con mimo por los voluntarios de la Asociación Oberig. Tras 110 horas de viaje, serán descargadas en las inmediaciones de la localidad de Záhony Tchop. Allí será distribuida para ser traslada al interior del territorio ucraniano. Voluntarios de las zonas en conflicto la harán llegar a la población asediada por la ofensiva bélica de Rusia. 

El trabajador de Viesgo reconoce la labor altruista de empresas como Transportes Hermanos Laredo, Suministros Lavín o Margutsa. Y recalca: “esta iniciativa se ha creado desde cero, sin mucha infraestructura, pero con mucha gente con ganas de ayudar, empresas que han decidido ayudar a estas personas”. 

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Por su parte, Irena Tkachuk, responsable de la asociación Oberig en Cantabria, destaca que “estamos impresionados de la cantidad de gente que ofrece su ayuda. Nos ha costado un poco la organización del envío, y encontrar un centro logístico útil en la zona fronteriza de Hungría con nuestro país, que haga que nuestra ayuda llegue realmente a la gente que lo necesita”, señala.

En contraste con esas dificultades, Irena pone en valor que “todo lo de aquí, en Cantabria, ha sido relativamente fácil. Cualquier ayuda que necesitábamos, cualquier cosa que pedíamos, desataba una respuesta masiva y amplia. Sólo con decir que necesitamos voluntarios, viene gente a ayudar. No teníamos palets, y ahora tenemos 300”. Y remata: “Nos sentimos muy agradecidos. Para nosotros ha sido como encontrarnos entre amigos, en familia, en casa.

La respuesta de la población de Cantabria ha sido impresionante,  tanto de particulares como de empresas. Nos emociona la respuesta que tenemos aquí”. 

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Esfuerzo logístico

Irena, que desempeña su quehacer profesional como médico del helicóptero de rescate del 112, ha coordinado con maestría las tareas de organización para que el envío de la Ayuda Humanitaria a su país fuera una realidad. En los últimos días, junto a decenas de voluntarios, ha establecido su base de operaciones en Cajo, en los antiguos talleres del Ayuntamiento de Santander,  donde estaba la sede del Transporte Urbano de Santander (TUS).

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Carlos Marín se deshace en elogios hacia el despliegue de la Asociación Oberig. “Hacen un trabajo increíble, máxime si se tiene en cuenta la angustia en la que viven teniendo a su gente en la zona de conflicto. Empezaron desde cero, no eran expertos en logística, y en diez días se han transformado, ahora parecen una empresa de transportes. Separan, clasifican, paletizan a una velocidad impresionante. Es digno de elogio, se han puesto mucho las pilas”, recalca.

El trabajador de Viesgo reitera su satisfacción por poder cooperar en esta iniciativa. “El contexto es muy triste, intentamos ayudar porque nos conmueve la situación. Nos enorgullece que la ayuda de la gente de a pie vaya a llegar a Ucrania. Me gusta pensar que la gente que hace una semana fue a una tienda de barrio, y adquirió alimentos, o pañales, y los donó y acabaron en manos de Oberig, vea que esa ayuda va a llegar a su destino. Y lo va a hacer en tiempo”, concluye.

“Nos enorgullece que la ayuda de los cántabros de a pie llegue a Ucrania”
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