La Audiencia Provincial de Cantabria ha condenado a doce años de prisión al joven que agredió a un médico y a un celador del centro de salud Los Castros de Santander en mayo de 2022.
En una sentencia dada a conocer este lunes, el tribunal le considera autor de un delito de atentado a funcionarios en concurso con un delito de lesiones agravadas, por la agresión al médico, y un delito de lesiones menos graves, por la agresión al celador.
Además de la pena de cárcel, le prohíbe acercarse a las víctimas y a sus domicilios y lugares de trabajo, así como comunicar con ellos durante once años en el caso del médico y tres años en el del celador.
En concepto de responsabilidad civil, deberá indemnizar al primero en 147.600 euros por las lesiones, los 300 días que estuvo impedido para sus ocupaciones habituales y las secuelas que le han quedado, entre ellas la pérdida prácticamente completa de la visión de un ojo.
La sentencia también condena a la madre del agresor -que acudió junto a él al centro de salud- por un delito leve de amenazas al pago de una multa de 900 euros, y le prohíbe que se acerque o comunique con las dos víctimas durante seis meses.
HECHOS
El joven acudió junto a su madre al centro de salud demandando asistencia médica y fue atendido por el celador, que le indicó que al estar empadronado en otro lugar no le correspondía ese centro de salud. No obstante, según los hechos probados que se recogen en la sentencia, le informó de que le iba a ver el médico y que si este lo consideraba necesario, le derivaría a su centro.
"Ante tal comunicación, el acusado, visiblemente alterado, comenzó a gritar y a repetir a viva voz que no le iban atender, intentando introducir su mano por debajo de las mamparas protectoras tras las que se encontraba el celador".
En ese momento, su madre -que según indicó en el juicio, celebrado en enero, ya había sido atendida previamente- entró en el centro y comenzó a gritar que cómo era posible que no fueran atender a su hijo.
Entonces, el médico, que estaba atendiendo a otro paciente en consulta, al oír los gritos se dirigió al lugar donde estaban los procesados y tras preguntarle al acusado qué era lo que le pasaba y señalar este que tenía dolor de garganta el médico le informó de que se le iba a derivar a su centro de salud.
Sin embargo, el procesado, "disconforme con la decisión del médico, sacó su teléfono móvil y comenzó a grabar tanto al médico como al celador", quienes le indicaron que dejara de hacerlo.
En esa situación, el joven "se abalanzó sobre el médico propinándole un cabezazo en el rostro que le hizo caer al suelo, donde le propinó numerosos puñetazos también en el rostro". El celador, "con la finalidad de auxiliar al médico, intentó sujetar al procesado para quitárselo de encima, forcejeando con él" y dirigiéndose los tres hacia la zona de entrada del centro.
Durante el forcejeo, el procesado propinó un golpe en la cara del celador, sujetando e inmovilizando al médico contra la puerta de acceso al centro de salud, donde le propinó numerosos y fuertes golpes en el rostro "con el puño cerrado, sin que este pudiera repeler dicha agresión al tenerle totalmente inmovilizado", añade el relato de hechos.
El celador nuevamente trató de auxiliar al médico y agarró al agresor para expulsarle del centro. Fuera estaba la madre, que en ese momento se dirigió al personal del centro "diciendo con ánimo de amedrentarles que no sabían lo que habían hecho y que no iban a salir de ahí".
SECUELAS
A consecuencia de los hechos, el médico sufrió traumatismos en la cara, rotura de nariz, pérdida de visión y trastorno de estrés postraumático.
En el juicio, manifestó que pese a la cantidad de medicación que toma y a las terapias, no es "capaz de dormir más de cuatro horas", ni de acercase al centro de salud donde sufrió el ataque, además de que ha tenido que ser atendido en algunas ocasiones mientras trabajaba simplemente por escuchar que alguien eleva el tono de voz en otra consulta.
Por su parte, el celador resultó con rotura de un tendón de bíceps y contusiones en mandíbula y oído. Como secuelas, tiene una cicatriz de once centímetros en la zona del codo y material de osteosíntesis.
La sentencia de la Audiencia Provincial no es firme, ya que puede ser recurrida en apelación ante la Sala de lo Penal del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria.