La Consejería de Cultura de Cantabria, a través de la Fundación Camino Lebaniego, pone en marcha las Residencias Artísticas Montesclaros, una iniciativa que reunirá a ocho creadores de distintas disciplinas desde este martes, 21 de julio, al día 31 en el Real Santuario de Montesclaros, en el municipio de Valdeprado del Río, en un enclave que es uno de los principales conjuntos de patrimonio religioso del norte de España.
Bajo la dirección artística de Chelo Matesanz, artista, investigadora y profesora titular de la Universidad de Vigo, el proyecto reúne a creadores que trabajan desde diferentes lenguajes y disciplinas contemporáneas.
Los artistas participantes son Salva G. Ojeda, también comisario, cuya práctica parte de la escultura e incorpora imagen y vídeo para investigar nuevas formas de construcción material y conceptual; Maddi Iraeta, pintora y dibujante que desarrolla una investigación basada en la memoria, el paisaje y los gestos cotidianos, y Julia Huete, artista visual que trabaja con tejidos, materiales reutilizados y procesos escultóricos vinculados al volumen y la experimentación.
También Manuel Minch, artista plástico centrado en la investigación sobre el territorio, las huellas y los materiales, combinando escultura, fotografía e instalación; Manuel Mata, autor multidisciplinar que combina escritura, fotografía y artes visuales para explorar las relaciones entre imagen, texto y narrativa contemporánea, y Amaiur Zuazua, que desarrolla una práctica basada en la observación, la imagen, los objetos encontrados y la relación con el entorno.
Finalmente, Javier Trugeda, artista plástico e ilustrador que trabaja desde el dibujo, el cómic y la narración gráfica experimental, y Jon Ibala, artista plástico e investigador que centra su trabajo en las relaciones entre los objetos, la pintura y la experiencia cotidiana.
La selección de estos artistas responde, según Matesanz, a la voluntad de reunir a creadores procedentes de distintas disciplinas y formas de entender la práctica contemporánea, pero que comparten una sólida experiencia profesional combinada con la capacidad de dejarse transformar por el contexto.
En este sentido, Montesclaros no se concibe solo como un lugar donde desarrollar proyectos, sino como un espacio de convivencia, experimentación e intercambio, donde el contacto con el patrimonio, el paisaje y las relaciones humanas pueda generar nuevas preguntas, conexiones inesperadas y procesos creativos colectivos.