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La gesta de Borja Ortiz: subir 14 veces el Angliru, como ascender dos veces el Everest: "Estuve a punto dormir en la cuneta"

Borja, apoyado por su hermano, que sostiene la bandera con el lábaro cántabro

Subir una vez el Angliru ya está al alcance de muy pocos. Hacerlo 14 veces consecutivas, prácticamente sin dormir y en menos de 48 horas, parecía directamente imposible. Pero el cántabro Borja Ortiz lo ha conseguido.

El santanderino completó este fin de semana uno de los desafíos más extremos que se recuerdan en el ciclismo amateur: coronar 14 veces el puerto asturiano para completar un doble everesting, es decir, acumular más de 17.700 metros de desnivel positivo, el equivalente a subir dos veces el Everest sobre una bicicleta.

Y lo hizo sufriendo hasta límites inimaginables: “Ha sido uno de los retos más duros que he hecho nunca”, reconoce Ortiz en una entrevista a este medio. “Es de las veces que más se me ha pasado por la cabeza abandonar”.

El desafío arrancó el jueves a las 6:30 de la mañana. Las primeras horas fueron incluso mejores de lo esperado. “Las tres primeras subidas fueron las más rápidas, bajando de dos horas las tres”, explica. Durante esas primeras ascensiones se alimentó principalmente de barritas energéticas, plátanos, Aquarius y agua, parando únicamente unos minutos al pie del puerto antes de volver a empezar.

Sin embargo, el verdadero infierno llegó pronto: “En la cuarta subida, con el calor de la tarde, ya empecé a pasarlo mal y me empezaron a venir los fantasmas”, relata. El gran enemigo tenía nombre propio: La Cueña les Cabres, el kilómetro más salvaje del Angliru, con pendientes que oscilan entre el 17% y el 24%.

Borja, acompañado de su pareja Inma, gran apoyo emocional para él

“Ahí veía que no iba a poder hacer las 14 subidas sin bajarme de la bici. Y para mí, si me bajo, el reto ya no vale”.

Ortiz explica que en algunos momentos la bicicleta “se cruzaba” por la brutal pendiente y llegó a estar cerca de caer al suelo intentando hacer zigzags para aliviar la dureza. “Tuve que obligarme a subir recto porque sabía que, si empezaba a zigzaguear, acabaría cayéndome”. Pese a todo, logró resistir.

Con la llegada de la noche, el calor dio una pequeña tregua, aunque apareció otro rival todavía más peligroso: el sueño. “En la octava subida me entró muchísimo sueño. Estuve a punto de tirarme a la cuneta a dormir”, admite.

La madrugada fue un ejercicio constante de supervivencia mental. Ortiz empezó incluso a replantearse el reto. “Pensé que igual hacía diez y lo dejaba. Me rallaba pensar que, si dormía, ya no tendría gracia”. Pero siguió pedaleando.

Así, la décima ascensión supuso un punto de inflexión. La completó acompañado por un ciclista de Reinosa y volvió a subir en un gran tiempo, poco más de dos horas. Fue precisamente ahí cuando tomó verdadera dimensión de lo que estaba consiguiendo: “Un chico portugués se bajó de la bici y me dijo: ‘Magnífico, ¿cómo has podido subir 10 veces?’ Y todavía me quedaban cuatro”.

El momento más duro llegaría, sin embargo, durante la subida número 11, en plena tarde del viernes y bajo un calor asfixiante. “Ahí sí que lo pasé verdaderamente mal”, confiesa. Por primera vez en todos sus desafíos extremos tuvo incluso que detenerse unos minutos.

“Me dolían muchísimo los pies por el calor y por la presión constante del pedal. Nunca paro en mitad de una subida, pero estaba muerto”.

Fotografía cedida por Borja Ortiz

La situación cambió radicalmente con la llegada de la noche. Animado por la presencia de su pareja, su hermano y varios amigos, Ortiz encontró fuerzas inesperadas para afrontar el tramo final.

Y entonces ocurrió algo casi inexplicable. En plena ascensión número 14, ya de madrugada y después de casi dos días sobre la bicicleta, firmó una de sus mejores subidas de todo el reto. “En la Cueña les Cabres iba tan motivado que hasta sprinté”, cuenta todavía sorprendido. “Subí en 2 horas y 6 minutos, la cuarta subida más rápida de las 14”. Solo las tres primeras habían sido mejores.

A las cinco de la madrugada completó definitivamente el desafío. Exhausto, con las manos destrozadas de frenar durante las bajadas y tras casi 48 horas de esfuerzo extremo, Borja Ortiz había conquistado el Angliru 14 veces.

“Estoy súper feliz”, resume. El cántabro quiso agradecer especialmente el apoyo de su entorno durante el reto, en especial a su pareja Inma, que pasó las dos noches siguiéndole con la furgoneta y pendiente de cada subida, además de a sus amigos y familiares. También destacó el trabajo de la tienda santanderina AB Bike, encargada de adaptar completamente la bicicleta para afrontar semejante desafío. “Solo mantuve las ruedas y los frenos. El resto hubo que cambiarlo todo”.

Ahora, con el reto ya completado, Ortiz puede presumir de haber llevado su cuerpo y su cabeza al límite en el puerto más duro del mundo. Y haber salido victorioso.

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