El Puntal de Laredo, en el 'Top 10' de las zonas de costa en estado más "crítico" de España, según Greenpeace
Greenpeace ha recopilado en un mapa 194 puntos donde el estado de la costa es crítico debido al urbanismo, las infraestructura y los efectos del cambio climático. Dentro del 'Top 10' de estas zonas, figura el Puntal de Laredo.
El informe 'Destrucción a Toda Costa 2026' identifica los puntos en estado de emergencia debido al efecto barrera de puertos, presas o paseos marítimos, así como afectados por el impacto del cambio climático en forma de subida del nivel del mar y de eventos extremos más catastróficos cada año, entre los que destaca el Delta del Ebro (Tarragona), considerado el punto más vulnerable de la Península.
El documento advierte de que, en esa zona, a la retención de más del 95% de los sedimentos en los embalses del río Ebro hay que sumar la subsidencia (hundimiento del terreno), que provoca que el mar avance frente a la línea de costa de forma alarmante.
Greenpeace ha apuntado que los modelos científicos estiman que "cerca de la mitad del delta podría quedar sumergida o severamente erosionada a lo largo del siglo XXI".
En el top 10 de puntos donde el estado de la costa es "crítico" también aparecen las playas de la Restinga de la Albufera (Valencia); la costa del Parque Nacional de Doñana (Huelva); la Manga del Mar Menor (Región de Murcia); la playa de Camposoto - San Fernando (Cádiz); el litoral de Maspalomas (Gran Canaria); el norte de Tenerife - Acentejo y Adeje; el litoral Sur de Castellón - Almenara y La Llosa; la playa de Somo y Puntal de Laredo (Cantabria), y Malecón de Zarautz (Guipúzcoa).
BERRIA, UN "EJEMPLO EXITOSO"
El informe recoge cerca de 50 "ejemplos exitosos" que marcan "el camino de la resiliencia", como la playa de Berria (Santoña, Cantabria), por el desmantelamiento de un camping sobre la duna "para que el sistema dunar recupere su elasticidad y pueda frenar de forma natural las inundaciones de este invierno, sin costar un solo euro en arena artificial".
Además, Calafell y Vila-seca (Tarragona, Cataluña) son municipios pioneros en retirar tramos de sus paseos marítimos y carreteras costeras para devolverle metros vitales a la arena y permitir la autorregeneración del ecosistema.
También aparece como ejemplo exitoso la playa de l'Auir (Gandía, C. Valenciana), donde la renaturalización de 24 hectáreas salvadas del ladrillo "demuestra que dar espacio a la naturaleza es la estrategia más duradera y económica".
El informe pone cifras y ejemplos de la vulnerabilidad de la costa "ante el colapso climático y el abuso del ladrillo", mostrando que "se encuentra en un punto crítico".
Este estudio saca a la luz la "desconexión entre las actuaciones que se llevan a cabo y su enorme impacto ambiental, social y económico". Más de un centenar de playas han necesitado reparaciones artificiales este año con un coste "muy elevado": 246 millones de euros, un dinero que "el mar engullirá en la siguiente tormenta", por lo que la organización exige "frenar el cemento y pasar a la restauración natural".
En este contexto, asegura que la cantidad de dinero gastada en reponer arena artificial y reparar paseos marítimos "triplica la inversión anual del Estado en la protección de todo el litoral (o equivale, por ejemplo, a 30 nuevos colegios)".
"UN PARCHE CADA VEZ MÁS CARO Y DURADERO"
Para Greenpeace, estas políticas "son un parche cada vez más caro y menos duradero y cuya consecuencia más visible es que las playas comienzan a desaparecer y seguirán haciéndolo si no se transita hacia otro modelo que afronte la realidad".
Asimismo, destaca que la Unión Europea señala que 1.000 millones de euros invertidos en adaptación "pueden reducir los daños anuales en inundaciones costeras en 14.000 millones".
"Este año se están produciendo ataques a la Ley de Costas por parte de todas las comunidades autónomas, a excepción de Asturias, y por partidos políticos que no son, o no quieren ser, conscientes de que el cambio climático ya ha llegado y es letal. Se habla de defensa del patrimonio, pero se ignora la realidad física: ni el mar ni el cambio climático van a respetar las excepciones administrativas", critica la ONG.
En este punto, subraya que el último invierno "ha sido un examen final que el modelo de costa actual ha suspendido", ya que, según añade la organización, "la sucesión sin precedentes de ocho borrascas con nombre propio ha provocado un descalabro masivo desde el Atlántico hasta el Mediterráneo".
El informe revela que, "los muros y paseos marítimos, lejos de proteger, han actuado como amplificadores del desastre: al chocar las olas contra el hormigón, la energía rebota con más fuerza y erosiona la arena con mayor agresividad".
"El resultado ha sido demoledor: casas inundadas en Valencia, paseos hundidos en Gijón y San Sebastián, desprendimientos en acantilados de Tenerife y playas completamente desnudas de arena por todo el litoral", alerta.
UN DINERO EN REPARACIONES REPARTIDO DE FORMA "MUY DESIGUAL"
El coste estimado en reparaciones y parches temporales asciende este año a cerca de 246 millones de euros repartidos de forma "muy desigual": la Comunidad Valenciana se ha llevado el 70% (170,7 millones), Andalucía casi el 20% (48,3 millones) y el restante 10% se reparte entre las otras ocho regiones costeras (1 millón).
"Financiar regeneraciones mecánicas de arena sin cambiar el modelo es, literalmente, tirar el dinero público al mar. El daño causado por el cambio climático no es solo estético o geográfico: el ecosistema costero y marino está sufriendo cambios drásticos debido a la tropicalización y las olas de calor marinas", asevera la organización.
Asimismo, lamenta que el Mediterráneo "se calienta un 20% más rápido que la media global, provocando la pérdida masiva de praderas de posidonia y corales, que protegen la costa y a las especies pesqueras".
También asegura que los cambios de temperatura "reducen el oxígeno del agua y aceleran el metabolismo de los peces: unas 3.000 especies, como la merluza, el rape o el boquerón, ya están reduciendo su tamaño corporal".
En el Atlántico, añade la ONG, el marisqueo en el norte "se enfrenta a grandes desafíos tras registrarse grandes mortalidades de bivalvos (almejas y berberechos) por bajadas extremas de salinidad debidas a lluvias torrenciales". "La expansión de especies invasoras debido al cambio de temperatura es otro factor más que amenaza los ecosistemas marinos, ya de por sí en situación vulnerable", puntualiza.
Greenpeace recalca que "esta degradación ecológica impacta directamente en el tejido social" y que el 62% del empleo turístico español se concentra en destinos de sol y playa.
"En provincias donde predomina este modelo como Málaga o Cádiz, perder un solo metro de playa seca equivale a poner en riesgo inminente entre 300 y 500 puestos de trabajo. Para 2050, si el nivel del mar devora los 25 metros proyectados en el peor escenario climático, Andalucía o la Comunidad Valenciana verán destruidos miles de empleos directos de forma irreversible", avisa.