Experto insta a decidir "dónde se pone la línea" en la recolección de datos móviles
El profesor del Departamento de Informática de la Universidad Carlos III de Madrid, Juan Tapiador, coautor de un estudio sobre las aplicaciones preinstaladas en los móviles Android, ha instado a decidir "dónde se pone la línea" en la recolección de datos móviles.
"La recolección de datos y su uso no es mala per sé, depende de su aplicación", ha señalado, incidiendo en que "no es una práctica mala pero lo que tenemos que decidir es dónde se pone la línea. Qué se coge y para qué se utiliza".
Así lo ha señalado este miércoles en la conferencia '¿Me espía mi móvil?', celebrada en el centro cultural La Vidriera, en Maliaño (Camargo), dentro de las actividades culturales de los Cursos de Verano de la Universidad de Cantabria (UC).
Tapiador ha recordado que cada vez que encendemos el móvil, nos conectamos a Internet en el ordenador o descargamos una aplicación, estamos ofreciendo información de quiénes somos y lo que nos gusta y disgusta. Una realidad de la que prácticamente es imposible mantenerse al margen pero que no siempre se debe ver como negativa, ha dicho.
El uso de estos datos tiene como objetivo conocer los intereses y hábitos con el objetivo de predecir los comportamiento.
El problema viene, ha puntualizado, "cuando se entra en cuestiones que tienen que ver con orientación sexual, ideas religiosas, el estado de salud, el mental..., fundamentalmente para poder predecir mejor qué vamos a hacer y con eso, posicionar mejores anuncios o tomar decisiones".
En Estados Unidos, por ejemplo, hay muchos anuncios de créditos bancarios, de alquiler de viviendas y de ofertas de trabajo donde se prescinde de las entrevistas y se accede a grandes repositorios de datos "para saber quién eres y cuál es tu historia en los últimos 20 años y tomar decisiones en torno a eso. Es una cuestión peliaguda", ha observado.
El experto ha recordado las leyes y su implementación llevan un ritmo muy diferente al de la tecnología, si bien existen iniciativas como el Reglamento de Protección de Datos general en Europa, que, en su opinión, ha sido "un paso fundamental" porque ha permitido aflorar "prácticas que estaban ocultas" y obliga a las empresas a declarar qué datos cogen y para qué. "Es un primer paso, pero en esta carrera, al igual que otras de la sociedad, la regulación siempre va a su ritmo y por detrás de lo que sucede".
La única alternativa para evitar que empresas y administraciones invadan la privacidad pasa por mantenerse al margen de sistema. "Hoy en día no es posible prescindir de la tecnología salvo que uno quiera ser un ser totalmente aislado y vivir al margen de la sociedad, con lo cual no es una solución. Se trata de conocer mejor el problema, comprenderlo y regularlo para saber qué queremos hacer", ha explicado.
En este sentido, el profesor ha lanzado un mensaje tranquilizador porque el uso de datos no es malo en sí mismo, ha afirmado, remitiéndose al "montón" de servicios ciudadanos "ue se basan en entender cómo nos comportamos, cómo nos movemos, qué parques utilizamos, y que permiten hacer una mejor inversión en recursos, una mejor planificación urbanística, entender problemas de salud, etcétera".