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De Cantabria al mundo. Siderit firma el mejor whisky de centeno del planeta: "Nos hemos colado entre gigantes"

Siderit no solo ha ganado un premio. Ha cambiado el relato. En una categoría históricamente dominada por gigantes como Estados Unidos, Escocia, Japón, una pequeña destilería de Puente Arce ha logrado colarse en la élite mundial del whisky y salir por la puerta grande. Su PX Cask Rye 2026 ha sido reconocido como el mejor whisky de centeno del mundo en los World Whiskies Awards, uno de los certámenes más influyentes de la industria.

El logro tiene aún más peso si se entiende el contexto. Siderit no compite en igualdad de condiciones con las grandes multinacionales que dominan el sector desde hace décadas. Frente a estructuras industriales gigantescas y marcas históricas, la destilería cántabra ha construido su camino desde lo artesanal, desde la paciencia y desde una forma de trabajar que prioriza el detalle por encima del volumen. En la fase final del certamen, donde se enfrentan todos los ganadores, su whisky no solo aguantó el tipo: fue elegido como el mejor rye del planeta.

Detrás de ese reconocimiento hay algo que no se ve en la etiqueta: tiempo. Aunque el whisky declara ocho años de envejecimiento, su proceso real se acerca a la década. Desde la selección de las barricas (tratadas previamente con Pedro Ximénez) hasta el envejecimiento y la estabilización final, cada paso está pensado para construir un perfil único. Esa influencia del PX, poco habitual en el centeno, es una de las claves que ha seducido al jurado: una mezcla de tradición y personalidad propia.

Y hay un último factor decisivo: el lugar. Puente Arce, en la desembocadura del río Pas, ofrece unas condiciones casi únicas en España, con humedades superiores al 90% que favorecen un envejecimiento más lento y equilibrado. A eso se suma una trayectoria de fondo —cerca de 150 premios y más de 2.000 barricas— que explica que esto no sea un golpe aislado, sino la confirmación de algo mayor: España empieza a hacerse un hueco en la primera división del whisky mundial.

Hemos tenido el placer de poder entrevistar a uno de sus dos fundadores, David Martínez, en pleno impacto del reconocimiento internacional. Con la naturalidad de quien lleva años trabajando en silencio y la emoción todavía reciente del premio, cuenta a ifomo Noticias cómo se construye un whisky capaz de competir (y ganar, claro) frente a gigantes del sector, qué hay detrás de ese proceso de casi una década y por qué Cantabria juega un papel clave en todo ello.

Entrevistamos a David Martínez, fundador de Siderit

P: Enhorabuena. Desde fuera parece que habéis llegado y habéis arrasado, pero imagino que la realidad es muy distinta. ¿Cómo se consigue algo así siendo una destilería relativamente joven?

R: Aunque pueda parecer que acabamos de llegar, llevamos 14 años elaborando barricas de whisky, aunque el primer whisky no se embotelló hasta hace tres. Es decir, había un bagaje importante detrás, aunque todavía no tuviéramos producto en el mercado. Esa es la realidad. Desde el principio hemos intentado hacer las cosas como creemos que deben hacerse, lo mejor posible. Poco a poco hemos ido superando hitos, trabajando bien el producto y consolidando un buen equipo. Aunque somos una destilería pequeña, haciendo lo que creemos correcto, los resultados terminan llegando. En estos premios suelen competir siempre los mismos países: Escocia, Inglaterra, Reino Unido, Estados Unidos o Japón. Y nosotros nos hemos colado ahí, hasta el punto de traernos a casa el mejor whisky del mundo. Hemos conseguido medalla de oro, mejor whisky de España y mejor whisky del mundo en la categoría de whisky de centeno —Rye— de menos de 12 años. Esas tres medallas nos las concedieron hace unos 15 días. Ayer se celebró la final mundial, donde competimos contra todos los ganadores de cada categoría. Dentro de los whiskies de centeno, que se dividían en cinco categorías, logramos el reconocimiento al mejor whisky del mundo. Estamos contentos, orgullosos y todavía con la emoción, porque era lo último que esperábamos. Competíamos contra grandes multinacionales y, aun así, ahí estamos.

P: Precisamente, competir contra gigantes históricos del whisky… ¿Cómo se vive ese momento en el que os dais cuenta de que habéis ganado?

R: Pues con mucha sorpresa, la verdad. Porque al final estás compitiendo contra gente muy grande, con muchísima historia, con muchísimos medios, y bueno, tú vas ahí con tu producto, que sabes que es bueno, pero tampoco te esperas llegar a ese nivel. Y cuando pasa, pues es un subidón importante.

P: Has mencionado varias veces que “hacéis las cosas como creéis que hay que hacerlas”. ¿Cuál es ese método? ¿Dónde está la diferencia?

R: Bueno, pues el truco es intentar hacer las cosas como creemos que hay que hacerlas bien. A veces no por ser una multinacional muy grande las cosas se hacen bien. Al final es una cuestión de método, de hacer las cosas como creemos que hay que hacerlas, buena materia prima, buen saber hacer y oye, si te mantienes firme en tu forma de trabajar, pues al final tiene sus resultados. Y aquí lo tenemos.

P: Para alguien que no tenga mucha idea de whisky, ¿cómo se construye una botella como la vuestra? Porque da la sensación de que hay mucho más detrás de lo que parece.

R: El proceso de elaboración, por ejemplo, en este caso, es el de un whisky que ha pasado ocho años en barrica. Sin embargo, para hacerlo no se necesitan solo ocho años, sino más. Primero hay que elegir la barrica, lo que implica hablar con el tonelero aproximadamente un año antes. Después realizamos el envinado de la barrica, es decir, el vino que contiene antes de introducir el whisky. En este caso, ha tenido durante otro año un Pedro Ximénez de El Rama que seleccionamos nosotros en Córdoba. Una vez se vacía ese Pedro Ximénez, se introduce el whisky, que permanece en la barrica durante ocho años. Posteriormente, pasa alrededor de medio año de estabilización en depósito antes del embotellado. En total, aunque en la etiqueta figuren ocho años, el proceso de elaboración se acerca más a los diez. Es un proceso muy lento, hecho con paciencia, y al final los resultados llegan así.

P: Siderit nace en 2013. ¿En algún momento imaginasteis que podíais llegar a algo así?

R: No, ni muchísimo menos. Al final, a las grandes multinacionales las ves como modelos a seguir, como si fueran grandes futbolistas, los tienes idealizados. Poco a poco empiezas a acercarte: primero las visitas, comienzas a conocerlas mejor y, con el tiempo, en ferias ya tienes un trato más directo. Nosotros hemos ido buscando nuestro propio camino dentro de la industria del whisky, trabajando de esa manera y viendo cómo podíamos llegar a hacer algo así.

P: Más allá de este premio, vuestra trayectoria viene de lejos. ¿En qué punto está ahora mismo Siderit?

R: A día de hoy somos, probablemente, la destilería más premiada de España. Contamos con cerca de 150 premios entre ginebra, vermú y whisky. En el caso del whisky, llevamos tres o cuatro años en el mercado con referencias comerciales y ya hemos conseguido alrededor de una docena de medallas. Eso refleja que existe un reconocimiento al trabajo que estamos haciendo y que las cosas se están haciendo bien.

P: España no es un país tradicionalmente asociado a la producción de whisky. ¿Está empezando a cambiar esa realidad?

R: España es un gran consumidor de whisky, aunque no de Single Malt, es decir, whiskies de malta de una sola destilería. En general, se consume más whisky blend, el típico de supermercado, elaborado a partir de mezclas de distintas destilerías. Aun así, cada vez hay más productores de whisky en el país. Cuando empezamos, hace 14 años, éramos la segunda destilería de whisky que se creaba en España; hoy ya hay en torno a una docena. La primera, por supuesto, fue DYC, que arrancó en los años 50. Nosotros éramos esa destilería pequeña que iba un poco a rebufo, pero ahora contamos con más de 2.000 barricas y empezamos a ser el grande de los pequeños. Seguimos creciendo poco a poco y haciéndonos notar.

P: Has hablado del lugar. ¿Qué tiene Cantabria para que un whisky pueda alcanzar este nivel?

R: Actualmente la destilería la tenemos en Puente Arce, en la desembocadura del río Pas, que en nuestro caso es ría. Eso hace que tengamos una humedad superior al 90% prácticamente todas las noches. Dentro de España es de los pocos lugares que reúnen condiciones ideales para envejecer whisky, precisamente por esa humedad relativa: la barrica se deshidrata menos, se mantiene más estable y favorece la crianza. Es, probablemente, lo más parecido a Escocia dentro de España. Además, tenemos veranos suaves, no excesivamente calurosos, a diferencia de otras zonas húmedas como algunas rías gallegas, donde el calor aprieta más en verano. Es un lugar que se eligió en su momento precisamente por esas condiciones óptimas para el envejecimiento del whisky. Lo tenemos en casa, en Cantabria, que aunque es una región pequeña, cuenta con una gran variedad de climas, territorios, altitudes y niveles de humedad. Todo eso la convierte en un entorno muy completo y, en nuestro caso, en el sitio ideal para la destilería. Tiene más miga de lo que parece.

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