El acusado de violar a una menor dice que "nunca" abusó de ella y la fiscal mantiene los diez años
El hombre procesado por agredir sexualmente y de manera continuada a una menor de edad, desde que tenía doce años y hasta que cumplió quince, ha negado los hechos que se le imputan y ha asegurado que "nunca" estuvieron a solas y abusó de ella, ni que ocurriera algo entre ambos que malinterpretara la niña, con la que tenía una relación "normal" y "buena", casi familiar.
Es más, ha indicado que no solían coincidir en el centro ecuestre de su esposa y que frecuentaba la víctima, donde supuestamente tuvieron lugar los tocamientos y violaciones, así como también en el domicilio de este matrimonio y donde se quedaba a dormir la denunciante, según recogen la fiscal y la acusación particular, que mantienen sus respectivas peticiones de condena de diez y trece años de prisión y el pago de una indemnización de 25.000 y 50.000 euros.
El encausado ha declarado este jueves en la última sesión del juicio contra él, celebrado esta semana en la Audiencia Provincial de Cantabria, y a preguntas de todas partes ha afirmado que tiene "clarísimo" que no iba "a solas" con la menor a realizar tareas habituales de la hípica, como salir con el tractor a segar (pese a un vídeo aportado por ella en el que sale él), ni tampoco a dar de comer o pasear animales.
Asimismo, ha rechazado ante la Sala de la Sección Primera que se metiera en la habitación de su hijo menor y en la que dormía la niña, en el verano de 2020 en un colchón en el suelo, para realizarle tocamientos o agredirla sexualmente. Ha reconocido que sí accedía "todas" las noches al dormitorio, pero solo para darle un beso a su bebé cuando se iba a trabajar a primera hora de la mañana, punto en el que señalado que él y su mujer se despertaban a la vez: "Somos madrugadores".
Y aunque ha negado que hiciera comentarios a la adolescente acerca de su desarrollo como mujer, sí ha admitido que mantuvo conversaciones con ella a través de una red social de cierta intimidad, en las que le preguntaba si era virgen y a continuación le decía que sabía que no lo era. Según ha explicado, es algo que le comentó "sin más", en plan "coña", y es "típico" de su forma de ser.
Respecto a la petición para que le mandara una foto de ella desnuda o en tanga, el acusado la ha enmarcado en una conversación en la que la menor le dijo que enviaba ese tipo de imágenes a amigos suyos, y ha indicado al respecto que él se la solicitó "para seguir el rollo", pero sin creer que se la fuera a mandar o tener interés en la instantánea o en la niña, "para nada".
La fiscal ha remarcado que, pese a esa ausencia de interés, el procesado "insistió once veces" en la fotografía, y ha agregado que "chantajeaba" a la menor, al condicionar la solicitud a mediar con su esposa para que la dejara montar los caballos que quisiera. Y después de todo, ha admitido que pidió a la menor que borrara la conversación entre ambos para que no se enterara su mujer.
A preguntas de su abogada, el hombre ha relatado su rutina diaria en la época de los hechos denunciados, desde el primer verano tras la pandemia del Covid hasta 2022, cuando después de trabajar por cuenta ajena, lo que le implicaba madrugar, desempeñaba diferentes labores en el centro hípico que "llevan su tiempo", por lo que terminaba tarde, aunque ha puntualizado que cenaban todos juntos, también la víctima cuando estaba en el centro y pernoctaba en su casa.
Ha añadido que los fines de semana y festivos se levantaba incluso más pronto que en los días laborables porque aprovechaba para ir a cazar o entrenar a los perros que emplea en esta práctica.
Para finalizar, se ha referido a dos problemas con la madre de la denunciante, relacionadas con la compraventa de una yegua para su hija -de la que según ha dicho les pagó la mitad y luego no quería quedársela- y con comentarios que él hizo acerca de si ella tenía un amante.
Esta última situación generó "un poco de movida" y partir del conflicto por la adquisición del animal las cosas entre ambas familias ya no fueron "igual". También ha remachado que al poco tiempo de denunciarle a él, la joven hizo lo propio con sus padres, por supuesto "maltrato".
PRUEBA DE CARGO SUFICIENTE
Practicada toda la prueba, la fiscal ha elevado a definitivas sus conclusiones y sigue reclamando diez años de cárcel para el implicado, al entender que el testimonio de la víctima supone "prueba de cargo suficiente" para una sentencia condenatoria.
Ha destacado la "persistencia" y "credibilidad" de su relato, avalado además por corroboraciones periféricas, como de testigos, mientras que por contra ha apreciado "contradicciones" en las declaraciones del encausado.
Y además, la representante del ministerio público ha descartado la existencia de motivos espurios, más cuando a raíz de la denuncia la niña "ha roto" con quienes consideraba como de su familia, punto en el que se ha referido al sentimiento de "culpa" que tenía después.
JUEGO PERVERSO Y DE PODER
La acusación particular, que ejerce la perjudicada, se ha centrado en el delito de corrupción de menores que imputa solo esta parte al hombre por las conversaciones íntimas que mantuvo a través de redes sociales con la niña, hasta pedirle una foto en ropa interior "en innumerables ocasiones" y con argumentos "coercitivos".
Esto, además de ser un ilícito, constituye un "potentísimo elemento corroborador" de la agresión sexual, que se produjo tras el "típico proceso de seducción", con conversaciones que no se pueden enmarcar en una relación "normal o familiar", sino que en opinión de este abogado responden más bien un "mejor juego perverso y de poder".
Cree que las mismas no tienen "sentido" si ambos no habían estado nunca antes juntos y, en relación con esto, ha cuestionado que la víctima estuviera "a solas con todo el mundo menos con el acusado", como han manifestado los testigos de la defensa para "desacreditar" a la niña y crear un "escenario idílico" para el acusado, lo que resulta "excesivo" y "poco creíble".
DENUNCIA PLANA
La defensa ha rechazado las imputaciones porque a su entender se basan en una "denuncia plana" en la que "no hay nada", toda vez que la víctima refiere "hechos horribles" pero "sin dar datos" o "referencias" sobre los mismos.
Para esta letrada, cuando se pide una condena "altísima" como en este caso, de entre diez y trece años de prisión, se "exige alguna precisión más" sobre lo ocurrido. Al hilo, considera "increíble" que años después de los hechos la joven se acuerde -según ha dicho- de aspectos que primero no recordaba, o que no concretara entonces si fueron "dos violaciones" o "pasó más veces".
Con todo, cree que la víctima "en parte ha sido manipulada", como evidenciarían un relato "contaminado", al igual que la denuncia, y ha insistido en cualquier caos en que hay que "ser serios" porque "nos estamos jugando muchos años" de cárcel.