La mascarada de los Zamarrones vuelve el 14 de febrero a Lanchares
La mascarada de los Zamarrones, Fiesta de Interés Turístico Regional, volverá un año más a la localidad de Lanchares, en Campoo de Yuso, el próximo 14 de febrero. Este año su trama gira en torno a las comuniones y el paso de los más pequeños a una nueva etapa dentro de la comunidad.
Así, este 2026 la historia que acompaña al recorrido de los Zamarrones parte de la idea de que los niños han crecido y llega el momento simbólico de su incorporación al cuerpo del pueblo, representada en clave carnavalesca a través de una comunión ritual cargada de humor, copla y tradición.
Como marca la costumbre, los Zamarrones recorrerán el pueblo resonando los campanos en la pedida del aguinaldo, a partir de las 16.30 horas, con el mismo itinerario que en años anteriores. El cortejo avanzará casa por casa hasta llegar sobre las 18.00 horas al teleclub, donde tendrá lugar la celebración simbólica de la comunión de los hijos del mancebo y el recitado de las coplas.
Como en los últimos años, se unirán a la celebración Mariu y Javichu, con instrumentos tradicionales cántabros, y la Escuela de Pandereta de Reinosa, según ha informado la Asociación Cultural Los Zamarrones de Lanchares en nota de prensa.
Los Zamarrones de Lanchares cuentan desde 2022 con el reconocimiento de Fiesta de Interés Turístico Regional, una distinción que en el sur de Cantabria solo tienen, además de este evento, el Día de San Sebastián, el Desfile de las Carrozas y el Día de Campoo.
Se trata de una de las escasas mascaradas rurales de Cantabria ininterrumpidas a lo largo del siglo XX, ya que "ni siquiera la guerra y la posguerra acabó con ella o la suspendió, lo que la otorga una enorme singularidad y relevancia etnológica".
LOS PERSONAJES
La mascarada de los Zamarrones de Lanchares se articula en torno al contraste y la interacción entre personajes blancos y negros, una estructura tradicional que simboliza el equilibrio entre orden y desorden, bien y mal, autoridad y transgresión.
Los personajes negros, encabezados por los zamarrones, encarnan la fuerza instintiva, el ruido y el caos propio del tiempo invernal, mientras que los blancos representan la comunidad, la palabra y la vida cotidiana.
Entre ambos aparecen las figuras de autoridad, médicos, clero u otros personajes jerárquicos, que son a la vez reconocidas y cuestionadas, dando lugar a una representación festiva donde el poder se parodia y se somete al juicio colectivo a través de la copla y la acción ritual.
Además de los zamarrones con su zamarrón mayor, la comparsa está compuesta por los personajes del viejo, la vieja, el hombre y la mujer travestidos, las pandereteras, el médico, el sacamuelas y sus ayudantes, los curas y el clero, los gitanos, la gitana del Hoyo del Toju, el maestro y sus alumnos, los moros, el afilador, el cestero con su burra Rufa, los peleles judas, los militares, los guardias, la tarasca y el giboso, las madamas y el mancebo, las pandereteras, las amas de cría, los labradores, el pastor y los enramados, entre otros.