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El Zoo de Santillana incorpora una pareja de capibaras, el mayor roedor del planeta

El Zoo de Santillana del Mar ha incorporado dos ejemplares de capibaras, los mayores roedores del planeta, que comparten espacio con una pareja de maras de la Patagonia en un recinto diseñado para reproducir su hábitat natural.

Los nuevos inquilinos ya pueden visitarse -todos los días desde las 9.30 horas hasta el anochecer- en el área construida para acoger a estos singulares animales, y que incluye una piscina y una amplia pradera de césped, elementos que recrean el ambiente de las riberas y humedales sudamericanos donde esta especie lleva millones de años evolucionando.

Los capibaras son los roedores más grandes del planeta: un adulto puede alcanzar entre 50 y 65 kilogramos de peso y superar el metro de longitud. De aspecto corpulento, patas cortas, cabeza ancha y hocico cuadrado y sin cola visible, no se parecen mucho a sus parientes más conocidos, como ratones o cobayas, aunque comparten el mismo orden zoológico.

Originarios de América del Sur, donde habitan desde Venezuela y Colombia hasta el norte de Argentina, los capibaras son animales semiacuáticos y nunca se alejan demasiado del agua. Sus patas presentan una ligera membrana interdigital que los convierte en nadadores extraordinarios, capaces de permanecer sumergidos durante varios minutos para escapar de depredadores o simplemente para regular su temperatura corporal.

Su nariz, ojos y orejas están situados en la parte alta de la cabeza -igual que en los hipopótamos, con los que no guardan ningún parentesco pero a los que se parecen en sus costumbres acuáticas- lo que les permite mantenerse casi completamente sumergidos mientras perciben el entorno.

Son herbívoros. En estado salvaje pastan al amanecer y al atardecer, cuando el calor es más soportable, y consumen grandes cantidades de gramíneas acuáticas, hierbas ribereñas y plantas flotantes. Como todos los roedores, sus incisivos no dejan de crecer a lo largo de su vida, lo que hace del pastoreo una necesidad tanto nutricional como anatómica.

Poseen además un sistema digestivo con fermentación cecal, similar al de los caballos, que les permite extraer nutrientes de vegetales fibrosos de difícil digestión. Parte de ese proceso lo completan mediante la ingesta de sus propias heces blandas, un comportamiento normal en la especie aunque pueda sorprender a los visitantes.

En libertad viven en grupos de entre diez y veinte individuos organizados en torno a un macho dominante, varias hembras y su descendencia. La pareja de Santillana forma el núcleo inicial de un grupo más numeroso en el futuro, según espera el Zoo, que destaca el carácter dócil y calmado de estos animales, que son "curiosos con las personas".

MARAS PATAGÓNICAS.

Los capibaras comparten la pradera y la zona seca de la instalación con una pareja de maras, también conocidas como liebres patagónicas o capibaras de las pampas, aunque no guardan relación directa con estos últimos pese a la semejanza que sugiere el apodo.

Las maras son igualmente roedores sudamericanos, pero de morfología distinta: largas patas traseras de aspecto casi ungulado, cuerpo esbelto y orejas grandes que recuerdan a las de un ciervo.

Son animales de las llanuras abiertas y áridas del sur de Argentina, donde la velocidad -pueden alcanzar los 45 kilómetros por hora en carrera- es su principal defensa frente a los depredadores.

A diferencia de los capibaras, las maras forman parejas monógamas estables para toda la vida, un rasgo poco común entre los roedores.

La convivencia entre ambas especies en el mismo recinto no es casual, ya que sus nichos ecológicos son complementarios: los capibaras utilizan preferentemente las zonas húmedas y la piscina, mientras que las maras tienden a frecuentar las áreas más secas y abiertas.

Sus dietas son similares -ambas especies son herbívoras de pastoreo- y su temperamento tranquilo hace compatible la cohabitación sin que se generen estrés.